Home » Artículos de opinión » Currently Reading:

¿Somos neurocientíficos o neuroaficionados?

rafael_lujan octubre 18, 2013 Artículos de opinión 1 Comment

Oscar Herreras (Instituto Cajal – CSIC) 

Dicen que los animales nos diferenciamos de las plantas en que tenemos un Sistema Nervioso. Digo “dicen”, porque  a la mayoría se nos podría haber olvidado, y es que el último sitio académico en el que se nos confirmó tal descubrimiento pudo ser en el “cole”, quizá en el Instituto. Me gustaría pensar que este comienzo es una simple ironía exagerada para llamar la atención, pero puede estar más cerca de la realidad de lo que parece. Veamos.

Hace unas pocas semanas asistimos al Congreso de la SENC donde tuvimos ocasión de reunirnos buena parte de los Neurocientíficos del país una vez más. Aunque nos conocemos casi todos, cuando nos juntamos, recordamos más fácilmente la heterogeneidad de nuestros orígenes académicos. Es genial para las sobremesas. Y sin duda, el variado acerbo académico que atesora el colectivo Neuro es uno de sus puntos fuertes, pues amplía enormemente la perspectiva con la que encaramos el experimento diario. Pero también permite vislumbrar algunas de las carencias globales de la Neurociencia española, y, en mi opinión, la más grave y trascendente para el futuro,… que ya es presente y la estamos sufriendo. Nuestros Neurocientíficos provienen de disciplinas académicas tan variadas como Ciencias de la Vida, Biotecnológicas varias, Psicología, Medicina, Física, Química, Ingenierías, Veterinaria, Ciencias de la Información y otras,  lo que me lleva a plantear qué formación académica en Neurociencia hemos recibido cada uno. Y ahí es donde empiezo a temblar. No porque sea heterogénea, no porque tenga diversos enfoques o profundidades, sino porque buena parte de nosotros somos Neurocientíficos aficionados. Sí, aficionados, porque no hemos tenido una enseñanza académica mínimamente aceptable de aquello que nos hace distintos de un geranio. ¿Que no importa? Que en qué lo notamos? Pues en detalles que dejan marca y alerta, como las que me quedaron cuando en un curso de doctorado con estudiantes de todos los orígenes geográficos y académicos se me ocurrió preguntar a la joven audiencia, para romper el hielo, qué procesaba el Sistema Nervioso, y tras unos angustiosos y árticos 30 segundos sólo interrumpidos por mis ánimos, la única respuesta tímida y casi avergonzada que obtuve fue: “¿…señales?”. “De humo”, pensé para mis adentros, con ganas de derrumbarme en la silla.

Para aquellos que aún piensen que es una exageración fuera de contexto, he tratado de cotejar mi triste formación académica en Neurociencia (no revelaré mi Universidad para no avergonzar a nadie, si es que hay alguien que pudiera avergonzarse) con la de unos cuantos de vosotros, al alcance de mi agenda de email, y si la muestra de mi escrutinio fuera representativa, el panorama sería simplemente penoso. He recibido respuesta de 27 responsables de grupo, de todas las edades y repartidos por toda la geografía, y les he preguntado cuándo, dónde y cómo estudiaron Neurociencia en sus carreras, y si el panorama académico había mejorado. La conclusión inicial es que, salvo honrosas excepciones (por ej., algunas facultades de medicina) y a falta de un estudio de campo más amplio, en nuestras Universidades NO se imparte Neurociencia. La mayoría de nosotros hemos tenido un contacto leve, casi anecdótico, con contenidos no mucho más profundos que los que pudimos obtener en el Instituto. Hemos obtenido fragmentos de conocimiento, como partes de asignaturas más genéricas, alguna optativa por aquí, un viejo profesor acullá…  Y lo peor de todo, es que en estos últimos 30 años no ha mejorado ni un ápice. Los pocos sitios donde la fragmentación Boloñesa hizo surgir algunas Neuroasignaturas son compensados por aquellos otros en los que eran impartidas por un profesor fan de la Neurociencia, que rara vez la practicó experimentalmente y que ya se jubiló. Sí, en algunos sitios lo poco que había, ha desaparecido. ¿De dónde salen nuestros jóvenes Neurocientíficos? ¿Y qué saben? Amigos, es un milagro que estemos donde estamos. Diría que salen de sus propias ganas, por no decir que en buena medida son accidentes académicos.

Pienso que si nuestra SENC quiere apadrinar cursos y másters de calidad en Neurociencia, también puede interesarse por la Neurociencia base, esforzarse en hacer oír su voz a las autoridades académicas, hacer lobby donde haga falta, e intentar imponer la enseñanza del conocimiento que nos hace animales en todas las Academias donde se estudien las “cosas” de los animales. No quiero recordar que, células, también las tienen los geranios; rutas metabólicas, citoquinas y ondas de calcio, las hortensias; desarrollo y diferenciación celular, hasta el musgo; genes, las cebollas; receptores, las acelgas; y glutamato, los fibrosos cereales del desayuno. Podría argumentar de manera más profunda y analizar cómo la mercantilización y el dirigismo autocomplaciente han favorecido una caótica fragmentación académica y han generado una polarización de Neuro-temáticas entre lo celular/molecular y el comportamiento, que 100 años después de Cajal y Lorente parecen aliarse de nuevo para colocar al SN en el rincón medieval que lo tuvo como la caja negra de los animales, demasiado complicada para entenderla, demasiado complicada para estudiarla. ¿Demasiado complicada para enseñarla?

Necesitamos que nuestros jóvenes, en todas y cada una de esas carreras universitarias, se enfrenten a una Neurociencia bien estructurada. Sólo así podrán responder sin titubear a la pregunta de “qué procesa el Sistema Nervioso”. Sólo así podrán utilizar su periodo doctoral en aprender a hacer Ciencia, y no en adquirir a marchas forzadas las bases teóricas mínimas para no hacer el ridículo. Sólo así podrán explicar a la Sociedad porqué lo que hacemos es importante.


Currently there is "1 comment" on this Article:

  1. Durante unos años fuí profesor den la facultad de Medicina de la UB. Junto a los profesores Xavier Gasull y Arcadi Gual, impartía clases de fisiología del sistema nervioso. Quizás por deformación profesional, lo cierto es que yo atormentaba a mis estudiantes con unas dosis de electrofisiología. Tenia una clase seminario de problemas, donde yo interpretaba a Hodking y sacaba al encerado a diferentes Huxleys para que me ayudaran a explicar el registro de potencial de acción del axón de calamar. Usaba el ejemplo de un globo, con agujeros, llenos de agua para explicar la fijación de voltaje y les instaba a proponer experimentos para determinar que iones se movían dentro y fuera de la membrana. Se lo pasaban bien los estudiantes, al final les decía que habían ganado un Nobel honorífico y tan contentos.
    Pero supongo que este mi caso es especial y en otras facultades no se incide tanto en el estudio de la neurofisiología.

Comment on this Article: