Home » Entrevistas » Currently Reading:

¿Por qué nos gusta la música? Entrevista al doctor Robert Zatorre, universidad McGill de Canadá

Noelia Martínez Molina mayo 28, 2012 Entrevistas No Comments
FotoZatorre

El neurocientífico y músico Robert Zatorre, de origen argentino, es un experto de prestigio internacional en el campo de la biomusicología y la neurolingüística. En la actualidad es catedrático de neurología y neurocirugía en la Universidad McGill (Canadá) y cofundador del laboratorio de investigación BRAMS (Brain, Music and Sound). Desde su Laboratorio de Procesamiento Auditivo en el Instituto Neurológico de Montreal nos llegan los últimos avances sobre los mecanismos neurales que nos permiten procesar, entender e imaginar los sonidos más complejos y característicos de la especie humana.

1.       ¿Por qué decidió dedicarse a la neurociencia cognitiva de la música y el habla?

Desde pequeño me interesaba la ciencia. Pero fue en la adolescencia, como tantos, cuando empecé a apasionarme por la música. Al entrar en la universidad, no podía decidirme entre estudiar música o ciencia y decidí seguir ambas carreras simultáneamente. Sin embargo, llegó un momento en que me di cuenta de que era mejor científico que músico. Entonces decidí continuar mis estudios avanzados con el profesor Peter D. Eimas de la Brown University (Rhode Island), que trabajaba en percepción del habla. En aquella época, estoy hablando de los años 76-80, no había nadie estudiando música y establecer las similaridades y diferencias entre la música y el habla parecía una buena pista. Así resultó ser. Luego, al terminar el doctorado, me di cuenta de que me faltaba el aspecto neurociencia. Fue entonces cuando me fui a Montreal para trabajar con Brenda Milner, una de las pocas investigadoras del momento que estudiaba las funciones cognitivas en pacientes lesionados. Tuve la suerte de poder quedarme ahí mismo en el Instituto Neurológico el resto de mi carrera.

2. ¿Cuáles son actualmente las principales líneas de investigación en su laboratorio?

Son muy variadas y esto una de las cosas que más me atraen de este campo de investigación. Yo siempre digo que me aburro muy fácilmente y entonces me gusta tener varias líneas al mismo tiempo. Además no sabemos cuál de ellas va a dar algo bueno. No sabes cuál será el caballo ganador y lo mejor es hacer muchas apuestas. En estos momentos, hay una línea centrada en emoción musical y dopamina muy prometedora. Mi estudiante Valorie Salimpoor ha hecho un trabajo muy bonito para conocer lo que ocurre cuando escuchas música por primera vez y decides que te gusta, es decir, cómo adquiere para ti un valor positivo de recompensa.  Valorie diseñó un estudio con individuos que sienten predilección por cierto género musical, la mayoría estudiantes de McGill, y buscó canciones de este género que habían sido lanzadas poco días antes del día de la resonancia magnética funcional (fMRI) para asegurarse de que las escuchaban por primera vez.  Como decía Valorie, “la gente escucha 30 segundos de una canción en iTunes antes de decidir que les gusta y comprarla. Nosotros vamos a reproducir eso en la resonancia.” Entonces creó una interfaz al estilo de iTunes para presentar los estímulos y los sujetos tenían que indicar si lo querían comprar o no y el dinero que iban a gastar. Así pudimos hacer el análisis retrospectivamente en función de si el segmento musical había sido comprado o no. La música que más compraron fue la que dio más respuesta en el núcleo accumbens que forma parte del circuito de recompensa y recibe proyecciones dopaminérgicas. Dicho de otro modo, la valoración musical y el placer están relacionados con la decisión de comprar. Además, esta línea tuvo una aplicación comercial. Al equipo de Google le interesó porque quieren desarrollar algoritmos que puedan vender música. Por otra parte, después de esta primera etapa del análisis se hizo un estudio funcional y uno de los resultados más importantes fue que la actividad en el estriado, constituyente de los ganglios basales,  está vinculada con la de la corteza auditiva. Esto me gustó mucho porque yo siempre digo que la valoración o respuesta emotiva tiene que pasar por el sistema cognitivo.

Otra línea en la que acabamos hace poco los experimentos y estamos empezando a analizar ahora está relacionada con la plasticidad. Individuos sin formación musical se entrenan a tocar un piano durante 6 semanas y se les hace una resonancia antes y después. Con mis estudiantes Sibylle Herholz y Emily Coffey desarrollamos un bonito paradigma en el que los sujetos usaban una interfaz por Internet con un teclado que enchufaban a su PC y todo lo que hacían quedaba registrado. Así supimos cuánto y cuándo practicaron, los errores que cometieron, etc. y pudimos elaborar curvas de aprendizaje. El propósito de estos estudios es determinar cuáles son los cambios asociados con el aprendizaje, tanto a nivel funcional como anatómico; además queremos establecer si hay rasgos neuronales previos al aprendizaje que pueden predecir el nivel de rendimiento de los sujetos en el estudio. De hecho, ya hemos visto que aquellos que tienen más actividad en regiones auditivas y motoras antes de empezar, después aprenden mejor.

Hay otras líneas de trabajo, incluso estudios con plasticidad cerebral en los ciegos y en los sordos, y mucho más. O sea que casi nunca me aburro.

3.       Clásicamente los estudios de Wernicke y Broca han generalizado la idea de “nous parlons avec l’hémisphère gauche”. ¿Está lateralizado el procesamiento de la música de forma similar?

 Sí y no. Hoy día no se habla tanto de lateralización de todo un sistema complejo como el lenguaje, la música, la memoria, etc. Más bien, en neurociencia cognitiva se está de acuerdo en que lo importante es identificar los procesos cognitivos que pueden intervenir en cualquier tarea, y entonces tratar de comprender los circuitos pertinentes para esos procesos. Con respecto a la música, entonces, nuestros datos indican que existe una lateralización bastante marcada en la corteza auditiva derecha, y en sus conexiones con las regiones frontales, específicamente en el procesamiento de la altura tonal; pero no hablamos de lateralización de la música tal cual, porque eso es algo mucho más complejo y multidimensional.

 4.       La amusia, como la amusia congénita del famoso Che Guevara, se caracteriza por una incapacidad en la percepción de  tonos o ritmos musicales o en su ejecución. ¿Qué nos dicen los estudios más recientes con amúsicos realizados en la universidad McGill acerca de la independencia de los circuitos neuronales para el procesamiento de la música y el lenguaje?

Como venía diciendo, ciertas regiones de la corteza auditiva derecha están más activas cuando hay que distinguir pequeños cambios de altura tonal y, por ejemplo, en los músicos vemos que tienen mayor espesor cortical en esas mismas regiones. En cambio, las personas con amusia demuestran cambios en las conexiones entre estas regiones del lado derecho; es decir que la comunicación entre la corteza auditiva y frontal está afectada, lo cual da lugar a dificultades muy específicas con el procesamiento de la altura tonal.

Con respecto a la relación con el habla, yo creo que está bastante claro que los amúsicos no presentan ningún problema lingüístico. Es cierto que pueden tener problemas para distinguir rasgos prosódicos en el habla, según unos estudios hechos muy recientemente por mi colega la Dra. Isabelle Peretz. Pero resulta que, en el habla, los cambios prosódicos suelen ser muy grandes -una quinta o más- y entonces incluso los amúsicos llegan a distinguir esos sonidos sin ningún problema. Aún más, los amúsicos chinos tampoco tienen grandes problemas con su idioma, a pesar de los tonos que forman parte de él, por la misma razón.

5.       La interacción entre música y cerebro nos brinda la oportunidad de estudiar los mecanismos de plasticidad funcional y estructural como ponen de manifiesto los estudios con profesionales de la música o personas invidentes a edad temprana. ¿Es la música una forma habitual de experimentar sinestesia auditiva y visual?  ¿Por qué? ¿Cree que podría estar relacionada con la plasticidad?

 Eso es algo que desconozco por completo. La sinestesia es un fenómeno bastante extraño y no sé si tiene mucho que ver con música porque hay quienes la experimentan con palabras y colores por ejemplo. No me parece que la sinestesia tenga mucho que ver con la plasticidad porque, según lo que he leído, frecuentemente es algo muy estable que la gente experimenta desde muy temprano.

6.       ¿Cómo puede la música mejorar nuestras habilidades cognitivas?

 Éste es un tema muy controvertido. En realidad, los estudios mejores controlados demuestran pocos cambios en las habilidades cognitivas en función de la formación musical. Es cierto que hay algunos efectos sobre el cociente intelectual en niños -por ejemplo, los estudios de Glenn Schellenberg de la Universidad de Toronto- pero las ventajas que podemos medir son mínimas. Tampoco se ha mostrado de manera convincente que esos efectos perduren. Ahora se habla mucho de “near transfer vs far transfer” como manera de encarar el problema. Lo que hacemos, en vez de tratar la música como si fuera algún tipo de magia, es identificar los componentes cognitivos que se pueden agudizar con la formación musical, y entonces vemos si hay transferencia. De esta manera, hay laboratorios, como el de Nina Kraus en Chicago, que han demostrado efectos significativos de transferencia en tareas estrechamente relacionadas, como pueda ser distinguir el habla cuando hay mucho ruido de fondo, y cosas de ese estilo.

7.       Algunas melodías generan reacciones fisiológicas de auténtico placer.  En el otro extremo del espectro, los individuos con anhedonia musical pueden mostrarse completamente indiferentes. ¿Cómo es de frecuente la anhedonia musical comparada con otras formas de anhedonia y qué tipo de estudios se están realizando con estos individuos?

Muy buena pregunta. Nadie lo sabe, y por esa razón, en colaboración con el grupo de Antoni Rodríguez-Fornells de la Universidad de Barcelona, hemos desarrollado un test para identificar a tales personas, si es que existen -creemos que sí, pero tenemos que demostrarlo, obviamente. La próxima etapa será determinar si esas personas presentan anhedonia con otros estímulos; por ejemplo, podemos medir las respuestas fisiológicas con música, y compararlas a las respuestas al recibir dinero durante un juego de apuesta. También tenemos que verificar si la anhedonia musical existe independientemente de la amusia. ¡Y  por supuesto no dejaremos de mirar sus cerebros con fMRI a ver qué es lo que está pasando!

8.       Hay un famoso cuento de los hermanos Grimm sobre un flautista que hacía que las ratas de Hamelín lo sigueran al son de su flauta. ¿Podría decirnos hasta qué punto les conmueve la música a mi gato o a mi perro igual que a mi?

Que yo sepa no existe ningún dato que demuestre que los animales sienten emociones con la música humana, salvo cosas muy básicas como sobresaltarse al bramido de un gran tambor o algo así -pero es una respuesta al ruido y no a la música. Hubo un estudio de Josh McDermott, de la Universidad de Nueva York (“Nonhuman primates prefer slow tempos but dislike music overall”, Cognition, 2007) en que les dio a elegir a monos entre dos cámaras: una con música de distintos estilos y otra con silencio. Los animales, ¡o bien escogieron al azar entre las dos o prefirieron el silencio! En realidad, no veo por qué otras especies deberían responder a nuestra música, hecha por y para humanos. Los animales tienen sus propios sistemas de comunicación con sonidos, pero nosotros tampoco somos capaces de entenderlos. Si así fuera, el canto de ciertos pájaros debería hacernos huir, por tratarse de un himno territorial; o incluso  las mujeres deberían ser atraídas cuando los sapos se ponen a cantar, porque son ritos de cortejo…

 9.       ¿Está de acuerdo con la hipótesis de que la percepción y apreciación de la música haya evolucionado por su valor como cohesionador social?

Es una de muchas hipótesis que se han propuesto como explicación evolutiva. No cabe duda de que la música cumple esa función, entre varias otras. El problema es saber si fue precisamente una clave en la evolución de esta función, y si lo fue por qué y cómo y cuándo. Es por esto que me hice neurocientífico: porque las preguntas que yo tengo se pueden contestar haciendo bonitos experimentos bien controlados. Las preguntan sobre la evolución, por más apasionantes que sean, son demasiado difíciles de abordar con la experimentación empírica. ¡Por eso mejor no acercarse!


Noelia Martínez-Molina,
Estudiante pre-doctoral de la Universidad de Barcelona

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/5 (0 votes cast)
Noelia Martínez Molina Estudiante predoctoral en la Universidad de Barcelona Brain Cognition and Plasticity Group

Comment on this Article: