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¿Es misógina la ciencia?

rafael_lujan enero 29, 2014 Artículos de opinión, Destacado, Entrevistas No Comments

El pasado día 13 de Diciembre se publicó en el periódico el Mundo un artículo en el que se describía la desigualdad entre mujeres y hombres en el mundo de la ciencia (ver en: www.elmundo.es/salud/2013/12/13/52a8ba6b61fd3d672c8b457a.html). Según las publicaciones científicas a las que se refería este artículo (y otras que hemos encontrado: ver al final del post) los datos son claros; existe una desigualdad significativa entre hombres y mujeres durante la carrera investigadora (ver al final del post).
Hemos querido preguntar su opinión a algunos de nuestros/as neurocientíficos/as:
1. ¿Como autor/a principal crees que tienes más o menos posibilidades de ser citado/a en una publicación científica de impacto?
Dra. Montesinos-. No creo que el sexo de los autores influya a la hora de citar una publicación. De hecho, ni me lo había planteado.
Dr. Martínez-. No. No creo que hoy en día el género del autor/es de las contribuciones científicas tiene influencia en que se cite el trabajo o no.
Dra. Dierssen-. Aunque en principio no debería ser así, los datos de trabajos científicos (por ejemplo Larivière et al Nature 2013) demuestran los trabajos liderados por mujeres son mucho menos citados por sus colegas. Existen diferentes trabajos que muestran que los hombres publican más trabajos, en promedio, que las mujeres (West et al PlosONE, 2013), la diferencia depende de las áreas de investigación. Las mujeres tienen menos probabilidades de participar en colaboraciones que conduzcan a la publicación y son mucho menos propensas a ser catalogadas como el primero o el último autor en un artículo de investigación en revistas indexadas (West et al PlosONE, 2013).
Dr. De Castro-. Sinceramente, creo que las mismas posibilidades. No creo que nadie mire si el primer autor o el autor principal es hombre o mujer para citarlo más o mejor, o peor. Me temo que hay demasiadas publicaciones que leer, muchas veces es difícil hasta recordar el nombre del autor principal, como para buscar esos detalles. Hay algunos artículos bibliométricos que apuntan a que sí ocurre que los artículos donde el autor principal es una mujer, se citan menos que aquellos en los que lo es un hombre. Veo tan difícil medir el alcance de estos estudios (tentado estoy de diseñar yo cómo poder medirlo, pero… que lo haga quien sepa, no yo). Y, desde luego, si alguien comete un sesgo de este estilo, malo: será que se fija más en “quién hace la Ciencia” que en lo “que dice la Ciencia”. Y entonces el sistema debería quizá plantearse si no sería mejor no contar con sus servicios…

2. En tu campo, ¿crees que a la hora de pedir proyectos estas más o menos favorecido/a por el hecho de ser hombre o mujer? ¿Crees que los hombres reciben más financiación?
Dra. Montesinos-. Según la convocatoria, puedo llegar a estar más favorecida. Por ejemplo, los Proyectos de Excelencia de la Junta de Andalucía tienen en cuenta el sexo del investigador principal (a favor del femenino). También existen convocatorias dirigidas exclusivamente a mujeres, como la de la Fundación L’Oreal (aunque quizás esto sea excepcional). En cuanto a las convocatorias de proyectos que no especifican nada al respecto, nunca me he sentido discriminada por razón de sexo. Tampoco tengo la percepción de obtener menor financiación en comparación con mis colegas masculinos.
Dr. Martínez-. No creo que se favorezca de forma directa a los hombres con respecto a las mujeres. Ahora bien, la situación frecuente es que las mujeres, sobre todo jóvenes, tengan un CV en el que se hace sentir su período de maternidad/es, y suele ser inferior al de los hombres con similar historial de formación. Así y de forma indirecta, si se favorece al hombre a la hora de aplicar los mismos varemos de puntuación de los méritos.
Lo mismo con relación a la financiación, no creo que de forma directa se sesgue la asignación de recursos en relación al género.
Dra. Dierssen-. De hecho de nuevo los datos objetivos son diferentes a las percepciones subjetivas en este terreno. A pesar de que ha habido políticas específicas para evitar el sesgo por género, y de hecho en la normativa europea de muchas convocatorias está el considerar este factor (como medida de corrección del sesgo de género que existe en ciencia y que se ha mantenido, o incluso ha empeorado, a lo largo de los años), las mujeres publican significativamente menos en áreas en las que la investigación requiere financiación más elevada (Duch et el, PlosONE 2012), como la física de alta energía, y ello se ha relacionado con las políticas y procedimientos en materia de financiación (reportado para el NIH por Ley y Hamilton, Science, 2008). En Europa, si analizamos los datos de éxito por género en la convocatoria de ERC de proyectos financiados a instituciones españolas (que no siempre son liderados por investigadores de nacionalidad española), tenemos que desde 2008 al 2014 en la convocatoria de “starting grants” solamente contabilizamos un 27% de proyectos concedidos a mujeres y en los “advanced grants”, el número es aún más bajo, llegando solamente a un 12%.
Dr. De Castro-.Creo que en mi campo se juzga la propuesta y, al menos hasta donde yo he podido deducir (no he estado en paneles de decisión final, hasta ahora), no he visto que una IP vaya a recibir menos dinero que un IP. Hay algunas convocatorias que son exclusivamente para mujeres investigadoras y hay otras en las que se prima el hecho del que el IP sea una mujer o que en la composición haya una adecuada distribución por sexos en la composición de un grupo de investigación. Sobre esto último, es curioso cómo en la mayoría de las convocatorias que he topado, si nos atenemos a la letra de la misma, deberían salir perjudicados grupos en los que haya, por ejemplo, siete mujeres y sólo dos hombres. Y… rara vez hay más hombres que mujeres en un grupo de investigación español, hoy en día. Además, en pocos casos se sopesa cuál es la distribución por sexos de los diversos componentes del grupo (doctores, predocs, técnicos), lo cual siempre me ha chocado. Hago un repaso mental y hay compañeras mías con proyectos mejor financiados que los míos, pero… es simplemente porque su carrera científica es más brillante y su propuesta, seguramente, también lo es. Sigo repasando y veo casos en los que ocurre al revés, en que mi proyecto está mejor financiado y… tampoco veo que sea porque ellas sean mujeres. No: no creo que haya problemas en este sentido en España. Si hay diferencias, éstas no reflejan nada más que conforme se asciende en la pirámide de responsabilidad profesional, disminuye el porcentaje de mujeres: el de licenciadas es mayor que el de doctoras, éste mayor que el de investigadoras en activo y éste mayor que el de IP mujeres.
Respecto a otros países, en 2013 estuve en un comité de uno de los países más potentes de la UE (el más, quizá), que era una convocatoria millonaria específicamente para que mujeres se consolidasen como IPs independientes. En ese panel estábamos hombres y mujeres y sí, discutimos sobre el hecho de la existencia de una convocatoria así, pero estaba claro que los problemas de las mujeres para ascender en Ciencia no estaban ligados a este tipo de problemas, si no a los inherentes a otros aspectos que creo que trataremos más adelante.

3. Según un estudio, a pesar de que el 45% de los estudiantes de doctorado son mujeres sólo un tercio llegan a ser investigadores/as ¿A qué crees que se debe esto? ¿En tu opinión, podría deberse a algún tipo de discriminación?
Dra. Montesinos-. De nuevo, no creo que haya discriminación en general. Por supuesto que existen casos. Uno de los temas sensibles está relacionado con la propia fisiología humana, y es el embarazo. Creo que puedo contar una “anécdota” muy ilustrativa al respecto: hace algo más de un año se incorporó a mi laboratorio una investigadora postdoctoral embarazada en aquel momento de unos 6 meses. Pues bien, recibí comentarios del estilo “¿cómo se te ocurre contratar a una embarazada?”, tanto de colegas masculinos como (más sorprendente) femeninos. Pero aparte de este problema concreto (que desgraciadamente ocurre en todos los ámbitos laborales, no sólo en el científico), creo que la menor representación de las mujeres en la investigación se debe a otras cuestiones, y no a una posible discriminación.
Dr. Martínez-. Creo que se debe a que la mujer elige libremente otras prioridades, que en el mejor de los casos le retrasan algo la evolución de su carrera. Mi diagnóstico de la causa es un sacrificio elegido por la mujer.
No creo que haya discriminación en este aspecto. Al menos los profesores estamos viendo como las aulas están llenas de mujeres y somos testigos de sus capacidades.
Dra. Dierssen-. A pesar de toda una serie de estrategias y políticas dirigidas a reducir las diferencias por género, la realidad es que en los últimos diez años prácticamente no hemos avanzado nada en lo que se refiere a la representación femenina en posiciones de liderazgo científico. Seguimos teniendo muchas jóvenes (aunque no en todas las carreras, ya que, por ejemplo algunas ingenierías o matemáticas siguen siendo mayoritariamente masculinas) en estadios tempranos de la carrera pero muy pocas directoras de programas, o de centros. Esto no se ve únicamente en nuestro país. El número de contratos de científicos o ingenieros sigue siendo el doble en países como EEUU (www.nature.com/news/inequality-quantified-mind-the-gender-gap-1.12550) y en España, a pesar de que el personal femenino en centros de investigación en biomedicina excede al masculino, los varones son los que mayoritariamente ocupan puestos de liderazgo. No solamente esto, sino que aunque la diferencia es menor en ciencia que en otros campos, sigue existiendo una notable diferencia de salario a favor de los varones, que incluso en el sistema público es notable ya que los incentivos o otros acuerdos (asesorías, contratos con empresas etc.) son más numerosos y están mejor pagados en el caso de los varones. Por desgracia, de nuevo los datos hablan (Shen H, Nature 2013).
Dr. De Castro-. Independientemente de que pueda haber lugares en los que haya una discriminación clara, que los habrá, sí creo que hay una circunstancia que puede explicar ese dato: aunque todas esas mujeres que empiezan sus estudios de doctorado puedan/quieran/decidan posponer otras decisiones de tipo personal (básicamente, tener hijos), llega un determinado momento (al final de ese doctorado, tras un periodo de postdoc) en el que una gran mayoría de esas ya doctoras se embarcan en proyectos personales y familiares que, de alguna forma, obligan a levantar el pie del acelerador… Para muchas, esa parada es definitiva, y tras la misma, abandonan la investigación por otro tipo de trabajo que sea, de alguna forma, más compatible con sus tareas como madre. Creo que eso lo hemos experimentado todos y podríamos poner multitud de ejemplos. También de lo contrario: gente que ha podido compatibilizar ambas facetas, que no son excluyentes. Yo he visto, por ejemplo, en Francia cómo casi todas las estudiantes de doctorado tenían su primer hijo durante ese periodo (de media, 5-7 años antes que sus coetáneas españolas, mis compañeras de tesis). Francia no está lejos y una serie de ayudas a la maternidad y/o familia facilitan ese tipo de equilibrio. En países como España compatibilizar ambas cosas de forma efectiva es muy complicado: me atrevería a decir que una heroicidad…
El progreso de la Ciencia y de la técnica, vertiginoso (e in crescendo) complica la cosa de forma definitiva: tras un periodo apartado, ponerse al día científico-tecnológicamente es muy complicado, y muchas veces, sin esa actualización, los proyectos se ven afectados gravemente. Recuerdo una profesora mía que, tras ocho años de parada para tener a sus hijos y educarlos, reemprendió una exitosa carrera científica, muy productiva hasta su jubilación: aquello era en Francia y su marido también era un investigador científico. Ella misma nos decía que su parón materno-familiar ocurrió cuando la ciencia avanzaba de una forma más lenta, más concienzuda, donde los cambios tecnológicos eran menores, de forma que ella misma pensaba que hacer algo así en los albores del siglo XX hubiera sido imposible. Imposible, no sé, pero desde luego, quien no quiera ver el sobre-esfuerzo, la sobrecarga que conlleva (a todos, pero especialmente a las mujeres) el poder formar una familia y mantener el nivel (o la progresión) en una carrera investigadora, es evidente.
De ahí que todas las medidas que se puedan articular para evitar la “huida” de las mujeres de la investigación tras doctorarse, son tan necesarias, desde mi punto de vista. Eso, por parte del sistema de I+D+i nacional y, por supuesto, de las diversas instituciones internacionales.
Otras cuestiones pueden, indirectamente, estar influyendo en esto, también. La primera es el diseño de nuestra sociedad, y quiero fijarme en la sociedad española: la investigación es una heroicidad per sé, no es una actividad reconocida por el propio sistema, ni por el establishment, y, de alguna forma, parece que los científicos deberíamos hacerlo todo por amor al arte, estar inclusive agradecidos por hacer algo que nos gusta, ser ricos o… de todo un poco… De ahí que, si son muchos los que dejan la investigación tras unos años, cuando se es mujer el caso sea especialmente dramático: aunque cuando diga a cualquiera que ella se dedica a la investigación, casi todo el mundo le diga que qué bonito, que qué suerte, que qué fascinante, cuando su marido y ella se planteen que la guardería de un hijo puede costarle la mitad (a veces más) de su salario como investigador, es muy fácil que éste le diga que “para eso, quédate en casa” o la induzca a buscar otro trabajo que, de acuerdo con el grado de cualificación y competencia alcanzado, le reporte un mayor beneficio de orden directamente económico o de la razón salario/tiempo libre/beneficios indirectos. No digo que no pueda pasar lo opuesto, cuando el científico es él y la mujer es la que tiene otro empleo, digamos, “más habitual”: seguro que también pasa, pero en grado menor que el opuesto… o el concurrente, cuando ambos en la pareja se dediquen a la investigación científica. Obviamente, en aquellos sistemas nacionales en los que la I+D+i es verdaderamente importante, donde los diseños son mucho más elaborados que en España, donde el nivel de exigencia es mayor y las remuneraciones acordes, quizás lo importante en esa pareja será “quien llegue a serlo”, porque el grado de recompensa laboral y social sólo lo puede alcanzar el más preparado y más productivo, no “el que esté”, “el que toque” o “el que más resista o no sepa/quiera hacer algo más”. Veo cómo en Gran Bretaña, algunas investigadoras que conozco (y no forzosamente investigadoras top todas ellas), al haber desarrollado una buena carrera investigadora, acaba siendo la persona que tiene mejor empleo y, de alguna forma, aquella alrededor de la que se articula la familia. Quizá eso tenga que ver también con la educación, en general, y que eso pasase en Gran Bretaña más fácilmente que lo que podría ocurrir en España, pero no podemos hacer el experimento: las observaciones las tenemos que hacer con los mimbres que tenemos a mano. De hecho, la sensación que tengo es que en Francia, quizás, la presión para una investigadora y, desde luego, para una IP creo que quizá sea mayor que aquí: al menos esa es la sensación que he tenido, trabajando en los dos sistemas muchos años ya. A manera de apunte, añadiré que, hasta la fecha, he tenido diez estudiantes de doctorado conmigo: nueve mujeres y un solo hombre. Seis de ellos han defendido su tesis doctoral conmigo, finalmente, y dos más (chicas) las han defendido en otros laboratorios. Dos más están actualmente en curso (chicas, también). De los seis que han defendido su tesis bajo mi dirección, cinco trabajan como postdocs (dos en el extranjero, otra en un potente instituto español, otras dos en mi grupo) y sólo una persona está apartada de la investigación, aunque sea momentáneamente y… sí, es una mujer. Si me pregunta alguien cuántas de esas seis personas (ocho, con las dos chicas a las que estoy dirigiendo su tesis ahora) son válidas para trabajar en investigación, diría que casi todas (no todas); si lo que se me pregunta es cuántas no quieren ser IPs (porque me lo han dicho) o no considero que pudieran serlo de forma fructífera, diría que seis de ocho; y los que sí querrían llevar una carrera investigadora potente, sin ponerle puertas al campo, diría que sólo dos de esos ocho doctores y… sí, el único doctor está entre esos dos… Pero vamos, en mi vida me he equivocado muchas veces y lo que escribo hoy, 16 de enero de 2014, no tiene por qué no ser otra equivocación más… eso sí, espero que para bien.
La otra causa es del sistema científico en sí mismo, de la forma en la que tiene la Ciencia de avanzar hoy en día, cómo está diseñada. Al descansar toda evaluación objetiva en criterios de productividad groseros (número de publicaciones, índice de impacto, etc.), quizá porque no haya otro modo, existe una gran presión sobre los investigadores. Casi nadie podría permitirse el lujo de emplear cinco o seis años de estancia postdoctoral, por ejemplo, sin publicar nada para, de la forma que sea, completar su formación y dar un salto cualitativo hacia adelante que pudiese abrir un nuevo campo o transformar decisivamente el existente: ese doctor perdería comba en la obtención de becas, contratos, etc., y no digamos cómo se vería ante una agencia de evaluación a la que quiere presentar una propuesta… Ese diseño, que casi nunca entra en la máxima finura del análisis y de la selección entre candidatos a un puesto o entre propuestas concurrentes a una misma convocatoria, obliga a publicar mucho, publicar en revistas de alto impacto, hacerlo sin descanso, sin periodos de vacío… Y chocamos con lo expuesto más arriba… En este sentido, sin quererlo, quizás, el diseño se torna “misógino” (aunque creo que el término está mal utilizado en este cuestionario; es más, casi nadie sabe cuál es el significado real de “misógino” y “misoginia” y animo a indagar en fuentes doctas sobre el término a quien le pueda interesar esta disquisición).
Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre mi experiencia personal al respecto de algo: ¿le interesaría al lector la cantidad de veces que en mi institución me han endilgado alguna tarea, de mayor o menos calado, con la muletilla de “tú que estás soltero y puedes…”? Han sido muchas. Eso sí, curiosamente, siempre han supuesto tareas con carga de trabajo sobreañadida… y sin recompensa económica: para aquellas pocas cosas en las que había un estipendio de por medio, por módico que fuera, esa muletilla o similares nunca se han esgrimido en la disputa por quedar encargado de ese cometido, disputa que, por lo general, se ha tornado fiera…
4. ¿Cuáles crees que podrían ser las causas de la menor representación de mujeres en el mundo científico? ¿Esto es así en tu especialidad?
Dra. Montesinos-. Mi opinión es que las mujeres abandonan la carrera científica en mayor proporción que los hombres, por diversos factores más relacionados con decisiones de tipo personal. Tengo la impresión de que el número de mujeres que hacen la tesis doctoral es igual o mayor que el de hombres. Pero luego muchas mujeres van abandonando, frecuentemente por motivos de familia o pareja que pueden pesar más en un momento determinado de la vida. Por ejemplo, tengo muchos amigos que se fueron de postdoc o decidieron establecer su laboratorio en tal o cual sitio, y sus parejas le siguieron, aun no dedicándose a la ciencia. Sólo recuerdo a una amiga con pareja no científica que “consiguió llevárselo” a USA. Todavía nos preguntamos cómo lo hizo…
Si estas diferencias entre hombres y mujeres son culturales, hormonales o dependen de nuestros diferentes circuitos neuronales está por ver, pero sinceramente creo que la ciencia es probablemente el menos misógino de los posibles escenarios laborales.
Dr. Martínez-. Me mantengo en lo expuesto. Las causas son derivadas del carácter femenino y sus prioridades. Tendríamos que ver si hay diferencias claras cuando el colectivo femenino se encuadra en las mujeres solteras y/o sin hijos. Imagino que al equilibrar el tiempo y la intensidad de dedicación al trabajo científico los resultados serán iguales, si no mejores!!
El único aspecto discriminativo que encuentro es también de índole personal, y es que los hombres no asumimos parte este coste, como podría ser el desarrollo de mecanismos que equilibren este aspecto y, lo que me parece más importante, compensando con mayor dedicación a la familia.
Dra. Dierssen-. Nos enfrentamos a un problema en el que confluyen diferentes factores: por un lado, como se ha comentado, factores personales. Diferentes estudios atribuyen en parte el bajo número de mujeres en ciencia al impacto de esta profesión en la vida familiar (hijos, movilidad etc. (ver Van Ander 2004, por ejemplo), lo cual tiene una influencia negativa desproporcionada en la incorporación de las mujeres en la ciencia de excelencia, el liderazgo o la política científica. Sin embargo, cuando se analiza cómo los hombres y las mujeres científicos en diferentes momentos de su carrera, valoran el impacto de la ciencia en la vida familiar, se demuestran que éste no es sólo problema de la mujer sino que tener menos hijos de los deseados produce mayor insatisfacción en los hombres que en las mujeres y ésta está relacionada con la satisfacción con la carrera científica. De hecho, a diferencia de lo que sucedía hace unos años, los factores familiares impiden a jóvenes científicos con talento de ambos sexos continuar con su carrera investigadora (ver Howard Ecklund y Lincon, 2011). Por otra parte hay una serie de sesgos no conscientes, por ejemplo a la hora de escribir los anuncios de posiciones en laboratorios o a la hora de seleccionar candidatos. Así, se ha demostrado que tanto mujeres como varones escogen con más probabilidad, frente a un currículo idéntico, a un varón que a una mujer, y consideran que debe tener un sueldo más elevado (ver por ejemplo Moss-Racusin et al PNAS 2012). Ello de nuevo se debe a muchos factores, algunos de los cuales se han mencionado antes, y otros como la visibilidad de las mujeres. Basta explorar el número de mujeres que han sido invitadas a dar una charla plenaria en los últimos cinco años en FENS o en SENC por tomar dos ejemplos directamente relacionados con nosotros. En FENS 2012 por ejemplo, de 9 sesiones plenarias solamente hubo dos mujeres, y recuerdo que en la primera ronda de votaciones no había ninguna. En lo que se refiere al acceso a posiciones de liderazgo más específicamente, otro de los factores que puede ser determinante es el estilo de liderazgo, que es completamente diferente en los varones y en las mujeres. Existen trabajos que sugieren que el estilo predominante de liderazgo se asocia de hecho con niveles elevados de testosterona y niveles más bajos de cortisol (Carney et al 2010). En fin, creo que nuestro mayor problema es que, debido a que durante unos años se implementaron una serie de acciones a favor de la incorporación de la mujer en el mundo laboral (y científico por extensión) y que realmente las condiciones laborales y la participación del hombre en las obligaciones familiares ha cambiado notablemente, pensamos que ya está todo hecho y que ahora si las mujeres no se incorporan en condiciones de igualdad es porque “no quieren”. Sin embargo, los trabajos que he mencionado y muchos más demuestran que existen discriminaciones sutiles que de hecho están impidiendo que las mujeres puedan asumir retos en términos de carrera científica o liderazgo fundamentalmente porque hay escollos objetivos insalvables, porque son subconscientes. Esperemos que la lectura de artículos como los que he mencionado y la observación de los datos objetivos permitan que todos nos hagamos conscientes de la situación, porque el mayor problema para encontrar la solución es creer que “el problema no existe”.
Dr. De Castro-. Creo que todo lo anteriormente expuesto puede dar una idea de esas causas. No quiero extenderme más (creo que ya lo he hecho bastante…) pero, aparte de lo que podríamos denominar la “complicación biológico-familiar”, que es evidente, el resto de causas no deberían ser causas directas, pero me temo que puedan verse afectadas indirectamente por la anterior.
Aún así, creo que en mi especialidad (neurociencias) y en España, el número de mujeres IP es mayor que en otros campos, creciente y, quizás, también mayor que en las neurociencias de otros países de nuestro entorno o líderes en el mundo, incluyendo USA y Japón.

Muchas gracias por participar a la Dra. María Luz Montesinos (Universidad de Sevilla), al Dr. Salvador Martínez Salvador (Instituto de Neurociencias de Alicante), a la Dra. Mara Dierssen, Presidenta de la SENC (Centro de Regulación Genómica en Barcelona) y al Dr. Fernando De Castro (Hospital Nacional de Parapléjicos en Toledo).
Nos gustaría saber tu opinión al respecto, así que os animamos a participar!
Os dejamos este comentario reciente en la revista Nature:
“[…] time spent on active research should be incorporated into assessments of research productivity. This would provide a fairer comparison for researchers who take parental leave or who have other caring duties or high teaching loads, and would reduce the pressure on those scientists […].(Cameron et al., 2014)
Más información de interés:
scx.sagepub.com/content/35/5/603.abstract
www.nature.com/news/bibliometrics-global-gender-disparities-in-science-1.14321#/b7
online.liebertpub.com/doi/abs/10.1089/jwh.2005.14.684
www.pnas.org/content/109/41/16474
www.nature.com/news/inequality-quantified-mind-the-gender-gap-1.12550
www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0022590
www.the-scientist.com/?articles.view/articleNo/29068/title/Are-Women-Better-PIs-/
www.nature.com/nature/journal/v505/n7482/full/505160b.html
www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23251502
www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0066212


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