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Reflexiones del debate ‘Experimentación animal: ¿sí o no?’

Knockout Mice

Por Crisal Rodriguez
Divulgadora científica

Imágenes de conejos con quemaduras en sus pieles y ojos para probar productos de belleza o detergentes, imágenes de monos visiblemente alterados y con agujas en su cuerpo, o imágenes de animales viviendo en jaulas con un espacio evidentemente insuficiente, con todo el estrés que conlleva para el animal, son las que han despertado el rechazo de parte de la sociedad ante el uso de animales en investigación científica. Las primeras voces sumaron fuerzas hasta formar una gran bola de nieve que dio a luz la iniciativa legislativa popular STOP! Vivisection, presentada ante la Unión Europea. Impulsada por más de un millón de firmantes (concretamente, 1.173.171), esta iniciativa popular hace uso de la red y de su poder de convocatoria, para que las personas de la Unión Europea (UE) ejerzan su libre albedrío y propongan, alcanzada cierta cantidad de firmas, una iniciativa legislativa que pueda ser valorada por la UE legítimamente. … Continue Reading

¿Es misógina la ciencia?

El pasado día 13 de Diciembre se publicó en el periódico el Mundo un artículo en el que se describía la desigualdad entre mujeres y hombres en el mundo de la ciencia (ver en: www.elmundo.es/salud/2013/12/13/52a8ba6b61fd3d672c8b457a.html). Según las publicaciones científicas a las que se refería este artículo (y otras que hemos encontrado: ver al final del post) los datos son claros; existe una desigualdad significativa entre hombres y mujeres durante la carrera investigadora (ver al final del post).
Hemos querido preguntar su opinión a algunos de nuestros/as neurocientíficos/as:
1. ¿Como autor/a principal crees que tienes más o menos posibilidades de ser citado/a en una publicación científica de impacto?
Dra. Montesinos-. No creo que el sexo de los autores influya a la hora de citar una publicación. De hecho, ni me lo había planteado.
Dr. Martínez-. No. No creo que hoy en día el género del autor/es de las contribuciones científicas tiene influencia en que se cite el trabajo o no.
Dra. Dierssen-. Aunque en principio no debería ser así, los datos de trabajos científicos (por ejemplo Larivière et al Nature 2013) demuestran los trabajos liderados por mujeres son mucho menos citados por sus colegas. Existen diferentes trabajos que muestran que los hombres publican más trabajos, en promedio, que las mujeres (West et al PlosONE, 2013), la diferencia depende de las áreas de investigación. Las mujeres tienen menos probabilidades de participar en colaboraciones que conduzcan a la publicación y son mucho menos propensas a ser catalogadas como el primero o el último autor en un artículo de investigación en revistas indexadas (West et al PlosONE, 2013).
Dr. De Castro-. Sinceramente, creo que las mismas posibilidades. No creo que nadie mire si el primer autor o el autor principal es hombre o mujer para citarlo más o mejor, o peor. Me temo que hay demasiadas publicaciones que leer, muchas veces es difícil hasta recordar el nombre del autor principal, como para buscar esos detalles. Hay algunos artículos bibliométricos que apuntan a que sí ocurre que los artículos donde el autor principal es una mujer, se citan menos que aquellos en los que lo es un hombre. Veo tan difícil medir el alcance de estos estudios (tentado estoy de diseñar yo cómo poder medirlo, pero… que lo haga quien sepa, no yo). Y, desde luego, si alguien comete un sesgo de este estilo, malo: será que se fija más en “quién hace la Ciencia” que en lo “que dice la Ciencia”. Y entonces el sistema debería quizá plantearse si no sería mejor no contar con sus servicios…

2. En tu campo, ¿crees que a la hora de pedir proyectos estas más o menos favorecido/a por el hecho de ser hombre o mujer? ¿Crees que los hombres reciben más financiación?
Dra. Montesinos-. Según la convocatoria, puedo llegar a estar más favorecida. Por ejemplo, los Proyectos de Excelencia de la Junta de Andalucía tienen en cuenta el sexo del investigador principal (a favor del femenino). También existen convocatorias dirigidas exclusivamente a mujeres, como la de la Fundación L’Oreal (aunque quizás esto sea excepcional). En cuanto a las convocatorias de proyectos que no especifican nada al respecto, nunca me he sentido discriminada por razón de sexo. Tampoco tengo la percepción de obtener menor financiación en comparación con mis colegas masculinos.
Dr. Martínez-. No creo que se favorezca de forma directa a los hombres con respecto a las mujeres. Ahora bien, la situación frecuente es que las mujeres, sobre todo jóvenes, tengan un CV en el que se hace sentir su período de maternidad/es, y suele ser inferior al de los hombres con similar historial de formación. Así y de forma indirecta, si se favorece al hombre a la hora de aplicar los mismos varemos de puntuación de los méritos.
Lo mismo con relación a la financiación, no creo que de forma directa se sesgue la asignación de recursos en relación al género.
Dra. Dierssen-. De hecho de nuevo los datos objetivos son diferentes a las percepciones subjetivas en este terreno. A pesar de que ha habido políticas específicas para evitar el sesgo por género, y de hecho en la normativa europea de muchas convocatorias está el considerar este factor (como medida de corrección del sesgo de género que existe en ciencia y que se ha mantenido, o incluso ha empeorado, a lo largo de los años), las mujeres publican significativamente menos en áreas en las que la investigación requiere financiación más elevada (Duch et el, PlosONE 2012), como la física de alta energía, y ello se ha relacionado con las políticas y procedimientos en materia de financiación (reportado para el NIH por Ley y Hamilton, Science, 2008). En Europa, si analizamos los datos de éxito por género en la convocatoria de ERC de proyectos financiados a instituciones españolas (que no siempre son liderados por investigadores de nacionalidad española), tenemos que desde 2008 al 2014 en la convocatoria de “starting grants” solamente contabilizamos un 27% de proyectos concedidos a mujeres y en los “advanced grants”, el número es aún más bajo, llegando solamente a un 12%.
Dr. De Castro-.Creo que en mi campo se juzga la propuesta y, al menos hasta donde yo he podido deducir (no he estado en paneles de decisión final, hasta ahora), no he visto que una IP vaya a recibir menos dinero que un IP. Hay algunas convocatorias que son exclusivamente para mujeres investigadoras y hay otras en las que se prima el hecho del que el IP sea una mujer o que en la composición haya una adecuada distribución por sexos en la composición de un grupo de investigación. Sobre esto último, es curioso cómo en la mayoría de las convocatorias que he topado, si nos atenemos a la letra de la misma, deberían salir perjudicados grupos en los que haya, por ejemplo, siete mujeres y sólo dos hombres. Y… rara vez hay más hombres que mujeres en un grupo de investigación español, hoy en día. Además, en pocos casos se sopesa cuál es la distribución por sexos de los diversos componentes del grupo (doctores, predocs, técnicos), lo cual siempre me ha chocado. Hago un repaso mental y hay compañeras mías con proyectos mejor financiados que los míos, pero… es simplemente porque su carrera científica es más brillante y su propuesta, seguramente, también lo es. Sigo repasando y veo casos en los que ocurre al revés, en que mi proyecto está mejor financiado y… tampoco veo que sea porque ellas sean mujeres. No: no creo que haya problemas en este sentido en España. Si hay diferencias, éstas no reflejan nada más que conforme se asciende en la pirámide de responsabilidad profesional, disminuye el porcentaje de mujeres: el de licenciadas es mayor que el de doctoras, éste mayor que el de investigadoras en activo y éste mayor que el de IP mujeres.
Respecto a otros países, en 2013 estuve en un comité de uno de los países más potentes de la UE (el más, quizá), que era una convocatoria millonaria específicamente para que mujeres se consolidasen como IPs independientes. En ese panel estábamos hombres y mujeres y sí, discutimos sobre el hecho de la existencia de una convocatoria así, pero estaba claro que los problemas de las mujeres para ascender en Ciencia no estaban ligados a este tipo de problemas, si no a los inherentes a otros aspectos que creo que trataremos más adelante.

3. Según un estudio, a pesar de que el 45% de los estudiantes de doctorado son mujeres sólo un tercio llegan a ser investigadores/as ¿A qué crees que se debe esto? ¿En tu opinión, podría deberse a algún tipo de discriminación?
Dra. Montesinos-. De nuevo, no creo que haya discriminación en general. Por supuesto que existen casos. Uno de los temas sensibles está relacionado con la propia fisiología humana, y es el embarazo. Creo que puedo contar una “anécdota” muy ilustrativa al respecto: hace algo más de un año se incorporó a mi laboratorio una investigadora postdoctoral embarazada en aquel momento de unos 6 meses. Pues bien, recibí comentarios del estilo “¿cómo se te ocurre contratar a una embarazada?”, tanto de colegas masculinos como (más sorprendente) femeninos. Pero aparte de este problema concreto (que desgraciadamente ocurre en todos los ámbitos laborales, no sólo en el científico), creo que la menor representación de las mujeres en la investigación se debe a otras cuestiones, y no a una posible discriminación.
Dr. Martínez-. Creo que se debe a que la mujer elige libremente otras prioridades, que en el mejor de los casos le retrasan algo la evolución de su carrera. Mi diagnóstico de la causa es un sacrificio elegido por la mujer.
No creo que haya discriminación en este aspecto. Al menos los profesores estamos viendo como las aulas están llenas de mujeres y somos testigos de sus capacidades.
Dra. Dierssen-. A pesar de toda una serie de estrategias y políticas dirigidas a reducir las diferencias por género, la realidad es que en los últimos diez años prácticamente no hemos avanzado nada en lo que se refiere a la representación femenina en posiciones de liderazgo científico. Seguimos teniendo muchas jóvenes (aunque no en todas las carreras, ya que, por ejemplo algunas ingenierías o matemáticas siguen siendo mayoritariamente masculinas) en estadios tempranos de la carrera pero muy pocas directoras de programas, o de centros. Esto no se ve únicamente en nuestro país. El número de contratos de científicos o ingenieros sigue siendo el doble en países como EEUU (www.nature.com/news/inequality-quantified-mind-the-gender-gap-1.12550) y en España, a pesar de que el personal femenino en centros de investigación en biomedicina excede al masculino, los varones son los que mayoritariamente ocupan puestos de liderazgo. No solamente esto, sino que aunque la diferencia es menor en ciencia que en otros campos, sigue existiendo una notable diferencia de salario a favor de los varones, que incluso en el sistema público es notable ya que los incentivos o otros acuerdos (asesorías, contratos con empresas etc.) son más numerosos y están mejor pagados en el caso de los varones. Por desgracia, de nuevo los datos hablan (Shen H, Nature 2013).
Dr. De Castro-. Independientemente de que pueda haber lugares en los que haya una discriminación clara, que los habrá, sí creo que hay una circunstancia que puede explicar ese dato: aunque todas esas mujeres que empiezan sus estudios de doctorado puedan/quieran/decidan posponer otras decisiones de tipo personal (básicamente, tener hijos), llega un determinado momento (al final de ese doctorado, tras un periodo de postdoc) en el que una gran mayoría de esas ya doctoras se embarcan en proyectos personales y familiares que, de alguna forma, obligan a levantar el pie del acelerador… Para muchas, esa parada es definitiva, y tras la misma, abandonan la investigación por otro tipo de trabajo que sea, de alguna forma, más compatible con sus tareas como madre. Creo que eso lo hemos experimentado todos y podríamos poner multitud de ejemplos. También de lo contrario: gente que ha podido compatibilizar ambas facetas, que no son excluyentes. Yo he visto, por ejemplo, en Francia cómo casi todas las estudiantes de doctorado tenían su primer hijo durante ese periodo (de media, 5-7 años antes que sus coetáneas españolas, mis compañeras de tesis). Francia no está lejos y una serie de ayudas a la maternidad y/o familia facilitan ese tipo de equilibrio. En países como España compatibilizar ambas cosas de forma efectiva es muy complicado: me atrevería a decir que una heroicidad…
El progreso de la Ciencia y de la técnica, vertiginoso (e in crescendo) complica la cosa de forma definitiva: tras un periodo apartado, ponerse al día científico-tecnológicamente es muy complicado, y muchas veces, sin esa actualización, los proyectos se ven afectados gravemente. Recuerdo una profesora mía que, tras ocho años de parada para tener a sus hijos y educarlos, reemprendió una exitosa carrera científica, muy productiva hasta su jubilación: aquello era en Francia y su marido también era un investigador científico. Ella misma nos decía que su parón materno-familiar ocurrió cuando la ciencia avanzaba de una forma más lenta, más concienzuda, donde los cambios tecnológicos eran menores, de forma que ella misma pensaba que hacer algo así en los albores del siglo XX hubiera sido imposible. Imposible, no sé, pero desde luego, quien no quiera ver el sobre-esfuerzo, la sobrecarga que conlleva (a todos, pero especialmente a las mujeres) el poder formar una familia y mantener el nivel (o la progresión) en una carrera investigadora, es evidente.
De ahí que todas las medidas que se puedan articular para evitar la “huida” de las mujeres de la investigación tras doctorarse, son tan necesarias, desde mi punto de vista. Eso, por parte del sistema de I+D+i nacional y, por supuesto, de las diversas instituciones internacionales.
Otras cuestiones pueden, indirectamente, estar influyendo en esto, también. La primera es el diseño de nuestra sociedad, y quiero fijarme en la sociedad española: la investigación es una heroicidad per sé, no es una actividad reconocida por el propio sistema, ni por el establishment, y, de alguna forma, parece que los científicos deberíamos hacerlo todo por amor al arte, estar inclusive agradecidos por hacer algo que nos gusta, ser ricos o… de todo un poco… De ahí que, si son muchos los que dejan la investigación tras unos años, cuando se es mujer el caso sea especialmente dramático: aunque cuando diga a cualquiera que ella se dedica a la investigación, casi todo el mundo le diga que qué bonito, que qué suerte, que qué fascinante, cuando su marido y ella se planteen que la guardería de un hijo puede costarle la mitad (a veces más) de su salario como investigador, es muy fácil que éste le diga que “para eso, quédate en casa” o la induzca a buscar otro trabajo que, de acuerdo con el grado de cualificación y competencia alcanzado, le reporte un mayor beneficio de orden directamente económico o de la razón salario/tiempo libre/beneficios indirectos. No digo que no pueda pasar lo opuesto, cuando el científico es él y la mujer es la que tiene otro empleo, digamos, “más habitual”: seguro que también pasa, pero en grado menor que el opuesto… o el concurrente, cuando ambos en la pareja se dediquen a la investigación científica. Obviamente, en aquellos sistemas nacionales en los que la I+D+i es verdaderamente importante, donde los diseños son mucho más elaborados que en España, donde el nivel de exigencia es mayor y las remuneraciones acordes, quizás lo importante en esa pareja será “quien llegue a serlo”, porque el grado de recompensa laboral y social sólo lo puede alcanzar el más preparado y más productivo, no “el que esté”, “el que toque” o “el que más resista o no sepa/quiera hacer algo más”. Veo cómo en Gran Bretaña, algunas investigadoras que conozco (y no forzosamente investigadoras top todas ellas), al haber desarrollado una buena carrera investigadora, acaba siendo la persona que tiene mejor empleo y, de alguna forma, aquella alrededor de la que se articula la familia. Quizá eso tenga que ver también con la educación, en general, y que eso pasase en Gran Bretaña más fácilmente que lo que podría ocurrir en España, pero no podemos hacer el experimento: las observaciones las tenemos que hacer con los mimbres que tenemos a mano. De hecho, la sensación que tengo es que en Francia, quizás, la presión para una investigadora y, desde luego, para una IP creo que quizá sea mayor que aquí: al menos esa es la sensación que he tenido, trabajando en los dos sistemas muchos años ya. A manera de apunte, añadiré que, hasta la fecha, he tenido diez estudiantes de doctorado conmigo: nueve mujeres y un solo hombre. Seis de ellos han defendido su tesis doctoral conmigo, finalmente, y dos más (chicas) las han defendido en otros laboratorios. Dos más están actualmente en curso (chicas, también). De los seis que han defendido su tesis bajo mi dirección, cinco trabajan como postdocs (dos en el extranjero, otra en un potente instituto español, otras dos en mi grupo) y sólo una persona está apartada de la investigación, aunque sea momentáneamente y… sí, es una mujer. Si me pregunta alguien cuántas de esas seis personas (ocho, con las dos chicas a las que estoy dirigiendo su tesis ahora) son válidas para trabajar en investigación, diría que casi todas (no todas); si lo que se me pregunta es cuántas no quieren ser IPs (porque me lo han dicho) o no considero que pudieran serlo de forma fructífera, diría que seis de ocho; y los que sí querrían llevar una carrera investigadora potente, sin ponerle puertas al campo, diría que sólo dos de esos ocho doctores y… sí, el único doctor está entre esos dos… Pero vamos, en mi vida me he equivocado muchas veces y lo que escribo hoy, 16 de enero de 2014, no tiene por qué no ser otra equivocación más… eso sí, espero que para bien.
La otra causa es del sistema científico en sí mismo, de la forma en la que tiene la Ciencia de avanzar hoy en día, cómo está diseñada. Al descansar toda evaluación objetiva en criterios de productividad groseros (número de publicaciones, índice de impacto, etc.), quizá porque no haya otro modo, existe una gran presión sobre los investigadores. Casi nadie podría permitirse el lujo de emplear cinco o seis años de estancia postdoctoral, por ejemplo, sin publicar nada para, de la forma que sea, completar su formación y dar un salto cualitativo hacia adelante que pudiese abrir un nuevo campo o transformar decisivamente el existente: ese doctor perdería comba en la obtención de becas, contratos, etc., y no digamos cómo se vería ante una agencia de evaluación a la que quiere presentar una propuesta… Ese diseño, que casi nunca entra en la máxima finura del análisis y de la selección entre candidatos a un puesto o entre propuestas concurrentes a una misma convocatoria, obliga a publicar mucho, publicar en revistas de alto impacto, hacerlo sin descanso, sin periodos de vacío… Y chocamos con lo expuesto más arriba… En este sentido, sin quererlo, quizás, el diseño se torna “misógino” (aunque creo que el término está mal utilizado en este cuestionario; es más, casi nadie sabe cuál es el significado real de “misógino” y “misoginia” y animo a indagar en fuentes doctas sobre el término a quien le pueda interesar esta disquisición).
Sin embargo, quisiera llamar la atención sobre mi experiencia personal al respecto de algo: ¿le interesaría al lector la cantidad de veces que en mi institución me han endilgado alguna tarea, de mayor o menos calado, con la muletilla de “tú que estás soltero y puedes…”? Han sido muchas. Eso sí, curiosamente, siempre han supuesto tareas con carga de trabajo sobreañadida… y sin recompensa económica: para aquellas pocas cosas en las que había un estipendio de por medio, por módico que fuera, esa muletilla o similares nunca se han esgrimido en la disputa por quedar encargado de ese cometido, disputa que, por lo general, se ha tornado fiera…
4. ¿Cuáles crees que podrían ser las causas de la menor representación de mujeres en el mundo científico? ¿Esto es así en tu especialidad?
Dra. Montesinos-. Mi opinión es que las mujeres abandonan la carrera científica en mayor proporción que los hombres, por diversos factores más relacionados con decisiones de tipo personal. Tengo la impresión de que el número de mujeres que hacen la tesis doctoral es igual o mayor que el de hombres. Pero luego muchas mujeres van abandonando, frecuentemente por motivos de familia o pareja que pueden pesar más en un momento determinado de la vida. Por ejemplo, tengo muchos amigos que se fueron de postdoc o decidieron establecer su laboratorio en tal o cual sitio, y sus parejas le siguieron, aun no dedicándose a la ciencia. Sólo recuerdo a una amiga con pareja no científica que “consiguió llevárselo” a USA. Todavía nos preguntamos cómo lo hizo…
Si estas diferencias entre hombres y mujeres son culturales, hormonales o dependen de nuestros diferentes circuitos neuronales está por ver, pero sinceramente creo que la ciencia es probablemente el menos misógino de los posibles escenarios laborales.
Dr. Martínez-. Me mantengo en lo expuesto. Las causas son derivadas del carácter femenino y sus prioridades. Tendríamos que ver si hay diferencias claras cuando el colectivo femenino se encuadra en las mujeres solteras y/o sin hijos. Imagino que al equilibrar el tiempo y la intensidad de dedicación al trabajo científico los resultados serán iguales, si no mejores!!
El único aspecto discriminativo que encuentro es también de índole personal, y es que los hombres no asumimos parte este coste, como podría ser el desarrollo de mecanismos que equilibren este aspecto y, lo que me parece más importante, compensando con mayor dedicación a la familia.
Dra. Dierssen-. Nos enfrentamos a un problema en el que confluyen diferentes factores: por un lado, como se ha comentado, factores personales. Diferentes estudios atribuyen en parte el bajo número de mujeres en ciencia al impacto de esta profesión en la vida familiar (hijos, movilidad etc. (ver Van Ander 2004, por ejemplo), lo cual tiene una influencia negativa desproporcionada en la incorporación de las mujeres en la ciencia de excelencia, el liderazgo o la política científica. Sin embargo, cuando se analiza cómo los hombres y las mujeres científicos en diferentes momentos de su carrera, valoran el impacto de la ciencia en la vida familiar, se demuestran que éste no es sólo problema de la mujer sino que tener menos hijos de los deseados produce mayor insatisfacción en los hombres que en las mujeres y ésta está relacionada con la satisfacción con la carrera científica. De hecho, a diferencia de lo que sucedía hace unos años, los factores familiares impiden a jóvenes científicos con talento de ambos sexos continuar con su carrera investigadora (ver Howard Ecklund y Lincon, 2011). Por otra parte hay una serie de sesgos no conscientes, por ejemplo a la hora de escribir los anuncios de posiciones en laboratorios o a la hora de seleccionar candidatos. Así, se ha demostrado que tanto mujeres como varones escogen con más probabilidad, frente a un currículo idéntico, a un varón que a una mujer, y consideran que debe tener un sueldo más elevado (ver por ejemplo Moss-Racusin et al PNAS 2012). Ello de nuevo se debe a muchos factores, algunos de los cuales se han mencionado antes, y otros como la visibilidad de las mujeres. Basta explorar el número de mujeres que han sido invitadas a dar una charla plenaria en los últimos cinco años en FENS o en SENC por tomar dos ejemplos directamente relacionados con nosotros. En FENS 2012 por ejemplo, de 9 sesiones plenarias solamente hubo dos mujeres, y recuerdo que en la primera ronda de votaciones no había ninguna. En lo que se refiere al acceso a posiciones de liderazgo más específicamente, otro de los factores que puede ser determinante es el estilo de liderazgo, que es completamente diferente en los varones y en las mujeres. Existen trabajos que sugieren que el estilo predominante de liderazgo se asocia de hecho con niveles elevados de testosterona y niveles más bajos de cortisol (Carney et al 2010). En fin, creo que nuestro mayor problema es que, debido a que durante unos años se implementaron una serie de acciones a favor de la incorporación de la mujer en el mundo laboral (y científico por extensión) y que realmente las condiciones laborales y la participación del hombre en las obligaciones familiares ha cambiado notablemente, pensamos que ya está todo hecho y que ahora si las mujeres no se incorporan en condiciones de igualdad es porque “no quieren”. Sin embargo, los trabajos que he mencionado y muchos más demuestran que existen discriminaciones sutiles que de hecho están impidiendo que las mujeres puedan asumir retos en términos de carrera científica o liderazgo fundamentalmente porque hay escollos objetivos insalvables, porque son subconscientes. Esperemos que la lectura de artículos como los que he mencionado y la observación de los datos objetivos permitan que todos nos hagamos conscientes de la situación, porque el mayor problema para encontrar la solución es creer que “el problema no existe”.
Dr. De Castro-. Creo que todo lo anteriormente expuesto puede dar una idea de esas causas. No quiero extenderme más (creo que ya lo he hecho bastante…) pero, aparte de lo que podríamos denominar la “complicación biológico-familiar”, que es evidente, el resto de causas no deberían ser causas directas, pero me temo que puedan verse afectadas indirectamente por la anterior.
Aún así, creo que en mi especialidad (neurociencias) y en España, el número de mujeres IP es mayor que en otros campos, creciente y, quizás, también mayor que en las neurociencias de otros países de nuestro entorno o líderes en el mundo, incluyendo USA y Japón.

Muchas gracias por participar a la Dra. María Luz Montesinos (Universidad de Sevilla), al Dr. Salvador Martínez Salvador (Instituto de Neurociencias de Alicante), a la Dra. Mara Dierssen, Presidenta de la SENC (Centro de Regulación Genómica en Barcelona) y al Dr. Fernando De Castro (Hospital Nacional de Parapléjicos en Toledo).
Nos gustaría saber tu opinión al respecto, así que os animamos a participar!
Os dejamos este comentario reciente en la revista Nature:
“[…] time spent on active research should be incorporated into assessments of research productivity. This would provide a fairer comparison for researchers who take parental leave or who have other caring duties or high teaching loads, and would reduce the pressure on those scientists […].(Cameron et al., 2014)
Más información de interés:
scx.sagepub.com/content/35/5/603.abstract
www.nature.com/news/bibliometrics-global-gender-disparities-in-science-1.14321#/b7
online.liebertpub.com/doi/abs/10.1089/jwh.2005.14.684
www.pnas.org/content/109/41/16474
www.nature.com/news/inequality-quantified-mind-the-gender-gap-1.12550
www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0022590
www.the-scientist.com/?articles.view/articleNo/29068/title/Are-Women-Better-PIs-/
www.nature.com/nature/journal/v505/n7482/full/505160b.html
www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23251502
www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0066212

¿HA DESCARRILADO EL TREN DE LA CIENCIA?

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Juan Nàcher. Dpto de Biología Celular, Universitat de València. 

Hace unas semanas cayeron en mis manos dos artículos, uno del Los Angeles Times y otro del The Economist, que, con dramáticos titulares, cuestionaban seriamente la eficacia del actual sistema de ciencia básica. Alertaban sobre el tremendo impacto económico que dicha situación provoca sobre industrias basadas en el conocimiento que genera este tipo de ciencia. Las malas noticias afectan especialmente a la Biomedicina y, por supuesto, también  a la Neurociencia. Esta impresión sobre el “descarrilamiento” del conocimiento científico está basada en recientes estudios que han demostrado que una parte importante de los resultados científicos publicados no pueden ser replicados o contienen  importantes errores metodológicos que ponen en duda su veracidad. Los ejemplos más conocidos son los realizados sobre artículos muy relevantes en la investigación del cáncer, promovidos por compañías farmacéuticas tan importantes como Amgen o Bayer, los cuales demuestran que sólo una pequeña fracción de los experimentos se pudieron replicar. La Neurociencia no es ajena a estos fracasos: Por ejemplo, se han publicado más de 500 estrategias terapéuticas que parecen funcionar en modelos animales de accidente cerebrovascular, sin embargo hasta la fecha sólo 2 de ellas han probado su efectividad en pacientes, a pesar de que muchas de estas estrategias entraron en ensayos clínicos.

El sistema de financiación que sustenta la ciencia básica no prima en absoluto en la actualidad la replicación de experimentos. La necesidad de financiar sobre todo aproximaciones novedosas a determinados problemas, en agencias de todo el mundo, obliga a soslayar estudios que intenten replicar y aportar solidez a estudios anteriores. De la misma manera, los procesos de evaluación de la actividad científica para examinar la capacidad de los investigadores y promover su carrera tienen un efecto similar sobre los estudios replicativos. Es necesario por tanto un esfuerzo conjunto de los investigadores, las agencias que los financian y los evalúan, y de los editores de las revistas que publican sus resultados para promover la replicación de experimentos. Nuevas iniciativas, como la “Reproducibility initiative” (www.scienceexchange.com/reproducibility), la inclusión de secciones para réplicas de experimentos en algunas revistas (pps.sagepub.com), la posibilidad de añadir comentarios a trabajos publicados como se pretende en revistas como Frontiers (www.frontiersin.org) o en la iniciativa de Pubmed Commons (www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmedcommons), pueden ser alternativas viables, pero no están testadas suficientemente aún.

¿Pero, por qué fallan las reproducciones de experimentos previos? Existe amplia evidencia de errores metodológicos en una gran parte de los artículos científicos publicados. De estos errores, uno de los más frecuentes es la realización de experimentos sin que el investigador encargado de desarrollarlos sea ciego a los diferentes grupos controles y experimentales. Además, muchos experimentos tampoco tienen una correcta distribución aleatoria de los sujetos, ni una correcta estimación previa del número de sujetos necesarios en cada grupo para obtener resultados estadísticamente satisfactorios. El tratamiento de los datos producidos en los experimentos también es motivo de preocupación, dado que muchos estudios excluyen arbitrariamente conjuntos de datos o los seleccionan en base a experimentos “a posteriori”. La realización de réplicas o pseudoréplicas en un estudio, que podría aumentar su solidez, tampoco es una práctica habitual. Además, parece claro que la elección de los métodos de análisis estadístico no es la más adecuada en gran parte de los estudios publicados. La Neurociencia también sufre estos problemas: Por ejemplo, una revisión sistemática de estudios en modelos animales sobre una molécula con potencial terapéutico para los accidentes cerebrovasculares, reveló que las publicaciones que contenían deficiencias como las descritos anteriormente, mostraban efectos del fármaco significativamente menores que los estudios que no las presentaban. Los estudios clínicos llevan largo tiempo siguiendo un riguroso control de su metodología que tiene como base el reglamento denominado CONSORT. Éste es el estándar que siguen los investigadores y que también ha sido adoptado por muchas agencias de financiación y revistas de investigación clínica. Un reglamento similar sería deseable para la investigación básica y, de hecho, en este sentido algunas revistas, como las del grupo Nature, ya cuentan con un listado de puntos que los estudios deben cumplir para ser considerados para su publicación. De el mismo modo algunas asociaciones ligadas a comunidades de pacientes (algunas de enfermedades del sistema nervioso) han adoptado reglamentos similares para financiar estudios generales y específicamente para estudios en modelos animales.

Otro de los problemas de los que adolecen frecuentemente las publicaciones científicas básicas es de deficiencias en la comunicación de los resultados o el diseño experimental utilizado. Esto redunda en la incapacidad de reproducirlos, no sólo para confirmarlos, sino para construir sobre ellos nuevos experimentos que expandan el conocimiento. De nuevo la Neurociencia no es una excepción: El análisis de centenares de estudios publicados acerca de enfermedades que afectan al sistema nervioso, como el Parkinson, los accidentes cerebrovasculares o la esclerosis múltiple, han puesto de manifiesto deficiencias en la comunicación de parámetros metodológicos clave para la réplica de experimentos. Ciertamente también la obligación de suministrar a la comunidad científica los datos crudos de los experimentos cuando se publica un trabajo ayudaría mucho a la transparencia. Algunas organizaciones están creando bases de datos abiertas con los resultados crudos de los proyectos que financian (véase como ejemplo www.stanleyresearch.org).

Otro punto importante es la virtual ausencia de publicaciones de resultados negativos. Éstos no contribuyen a impulsar la carrera investigadora o su financiación, de modo que usualmente permanecen “ad eternum” en un cajón del laboratorio. Consecuentemente, se provoca que otros científicos transiten por vías que ya ha sido demostrado que llevan al fracaso. La implicación de agencias, editores y científicos es necesaria para fomentar la difusión de estos resultados. Iniciativas como el Journal of Biomedical Negative Results (www.jnrbm.com) o las bases de datos negativos parecen interesantes, pero dudo que sean la respuesta.

¿Somos los científicos culpables de este fracaso? La respuesta es, por desgracia, sí; aunque es verdad que no estamos solos en este jardín en que nos hemos metido. El artículo que mencionaba de The Economist citaba a Brian Nosek, un psicólogo de la Universidad de Virginia apabullado por los frecuentes errores en las publicaciones científicas: “El problema es que no hay un coste por hacer las cosas de manera equivocada, el coste es no conseguir publicarlas”.  Más claro, agua. Hasta que este escenario no cambie sustancialmente, difícilmente mejoraremos. Creo que no hay dudas sobre la honestidad de la gran mayoría de los científicos. En gran medida nuestros problemas se generan por errores en el proceso de revisión de los trabajos científicos previa a su publicación. Muchas veces no ponemos el suficiente celo en el escrutinio de los trabajos que evaluamos. Es cierto que esto puede ser debido en parte a que éste no es un trabajo por el que se nos pague directamente y que hacemos muchas veces por un sentido de obligación profesional. Así, es muchas veces inevitable evaluar sin un profundo interés y dedicación, lo cual favorece que estudios con errores varios vean la luz en el paraíso de la publicación. Otra cuestión que nos compete directamente tiene que ver con nuestra formación. Tenemos la obligación de formar científicos competentes en el diseño y la comunicación de experimentos y este esfuerzo debe ser continuado, desde las fases predoctorales a las sénior.

En fin, nos queda un largo camino por recorrer, que debemos hacer todos los implicados directa o indirectamente en la ciencia cogidos de la mano. El lugar donde estamos ahora nos hace perder recursos valiosísimos intelectuales y económicos, que bien utilizados podrían aumentar mucho más el beneficio que la ciencia puede rendir a la sociedad.

Una versión ampliada y más detallada de este artículo se puede encontrar en www.neuronblog.blogspot.com

 

Juan Nàcher. Dpto de Biología Celular, Universitat de València.

twitter.com/neuronacher

www.uv.es/nacherlb; www.neuronblog.blogspot.com

Referencias

www.economist.com/news/briefing/21588057-scientists-think-science-self-correcting-alarming-degree-it-not-trouble

 

www.latimes.com/business/la-fi-hiltzik-20131027,0,1228881.column

 

www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23060188

 

www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20361022

 

www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20361020

 

www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22078756

 

www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23571845

 

Opiniones sobre #SENC_2013

JUAN LERMA

“Mi reflexión final es que el XV Congreso de la SENC ha sido muy positivo por diversas razones. La primera es que considerando la asfixia económica a la que los grupos están sometidos en estos momentos, la participación en el mismo de casi 550 personas se puede considerar todo un éxito. Yo, como Presidente, quiero agradecer, ahora más que nunca, el esfuerzo de los grupos por participar. La segunda es que el nivel científico tanto de las conferencias plenarias como de los simposia ha sido excelente, a lo que hay que sumar las comunicaciones orales y los posters que no se han quedado atrás. El nivel de discusión e interacción en las sesiones de posters ha sido altísimo, un objetivo que todo congreso ha de tener. Tal vez el marco en el que el congreso se ha desarrollado lo favorecía, y este era uno de los objetivos que nos planteamos al elegir la sede. En tercer lugar, creo que el Congreso ha dado protagonismo a actividades directamente dirigidas a los más jóvenes, con el simposio de jóvenes investigadores, el de desarrollo de la carrera profesional y el del comité CARE. La configuración paperless y la actividad encomiable del equipo de bloggers, informando de lo que iba acaeciendo en las diferentes sesiones, ha servido para otorgar un aire joven y moderno al mismo. Finalmente, el Congreso se completó con la mesa redonda en torno al estado del arte de la Neurociencia en España y su futuro. Dos conclusiones interesantes de la misma: el nivel de la Neurociencia española es bastante bueno como, por otra parte, el congreso puso de manifiesto, aunque aún somos pocos, y parece necesario abrir un debate reflexivo bottom-up con el fin de introducir reformas en el sistema de ciencia que nos ayuden a mejorar y ser más competitivos. Es más, creo que habría que elaborar un plan estratégico desde la base que alumbre el futuro. En resumen, contento con el resultado y expectante, a la vez que preocupado, por el devenir de la Neurociencia en nuestro país”

FERNANDO DE CASTRO

Acerca del CARE Event tengo una sensación agridulce: creo que ha sido una oportunidad fallida para el conjunto de la SENC, ya que el acto estuvo muy bien, con tres intervenciones complementarias y abordando enfoques de interés para todos desde diversos puntos de vista (investigadores, directores de animalario, reguladores). Algunas intervenciones se alargaron un poco más de lo deseable, de forma que el tiempo de interacción y discusión se acortó mucho. Además, sería memorable el que todos los participantes pudiesen hablar en español o en inglés, no parcialmente, como se hizo. Además, de cara al futuro, debería buscarse un horario más adecuado o, mejor aún, disponer un lunch con el que conseguir atraer a los asistentes, pues la hora de la comida, en un día tan largo, acabó ahuyentando a la inmensa mayoría de los congresistas a otros actos o, simplemente, a orearse y tomar un tentempié. Y digo futuras ocasiones porque creo que la regulación en investigación con animales puede ser un grave problema para el futuro (y el presente…) de la investigación científica en España y en Europa. Sobre el Estado de la Neurociencia en España, creo que fue una gran iniciativa, con muy buenas intervenciones, aunque un pelín largas, de forma que quedó poco tiempo para las preguntas y discusión, que era el verdadero leit motiv segundo del acto. Los ponentes fueron bien elegidos y muy competentes, en su mayoría no se sustrajeron de los puntos calientes y el único otro pero que hay que poner es el hecho de que fuese convocado para tan tarde y para después de la Asamblea General: un acto así merece más tiempo y “prime time”. Y más en un momento como el que nos ha tocado vivir a los científicos españoles en España inicio del siglo XXI. Ardo en deseos de leer el artículo prometido por los cuatro ponentes como resumen del acto, al que espero que se le dé la máxima publicidad aprovechando, entre otras cosas, los recientes Human Brain Project, Blue Brain Project y el Nobel de Medicina para Thomas Súdhof.

¿Somos neurocientíficos o neuroaficionados?

Oscar Herreras (Instituto Cajal – CSIC) 

Dicen que los animales nos diferenciamos de las plantas en que tenemos un Sistema Nervioso. Digo “dicen”, porque  a la mayoría se nos podría haber olvidado, y es que el último sitio académico en el que se nos confirmó tal descubrimiento pudo ser en el “cole”, quizá en el Instituto. Me gustaría pensar que este comienzo es una simple ironía exagerada para llamar la atención, pero puede estar más cerca de la realidad de lo que parece. Veamos.

Hace unas pocas semanas asistimos al Congreso de la SENC donde tuvimos ocasión de reunirnos buena parte de los Neurocientíficos del país una vez más. Aunque nos conocemos casi todos, cuando nos juntamos, recordamos más fácilmente la heterogeneidad de nuestros orígenes académicos. Es genial para las sobremesas. Y sin duda, el variado acerbo académico que atesora el colectivo Neuro es uno de sus puntos fuertes, pues amplía enormemente la perspectiva con la que encaramos el experimento diario. Pero también permite vislumbrar algunas de las carencias globales de la Neurociencia española, y, en mi opinión, la más grave y trascendente para el futuro,… que ya es presente y la estamos sufriendo. Nuestros Neurocientíficos provienen de disciplinas académicas tan variadas como Ciencias de la Vida, Biotecnológicas varias, Psicología, Medicina, Física, Química, Ingenierías, Veterinaria, Ciencias de la Información y otras,  lo que me lleva a plantear qué formación académica en Neurociencia hemos recibido cada uno. Y ahí es donde empiezo a temblar. No porque sea heterogénea, no porque tenga diversos enfoques o profundidades, sino porque buena parte de nosotros somos Neurocientíficos aficionados. Sí, aficionados, porque no hemos tenido una enseñanza académica mínimamente aceptable de aquello que nos hace distintos de un geranio. ¿Que no importa? Que en qué lo notamos? Pues en detalles que dejan marca y alerta, como las que me quedaron cuando en un curso de doctorado con estudiantes de todos los orígenes geográficos y académicos se me ocurrió preguntar a la joven audiencia, para romper el hielo, qué procesaba el Sistema Nervioso, y tras unos angustiosos y árticos 30 segundos sólo interrumpidos por mis ánimos, la única respuesta tímida y casi avergonzada que obtuve fue: “¿…señales?”. “De humo”, pensé para mis adentros, con ganas de derrumbarme en la silla.

Para aquellos que aún piensen que es una exageración fuera de contexto, he tratado de cotejar mi triste formación académica en Neurociencia (no revelaré mi Universidad para no avergonzar a nadie, si es que hay alguien que pudiera avergonzarse) con la de unos cuantos de vosotros, al alcance de mi agenda de email, y si la muestra de mi escrutinio fuera representativa, el panorama sería simplemente penoso. He recibido respuesta de 27 responsables de grupo, de todas las edades y repartidos por toda la geografía, y les he preguntado cuándo, dónde y cómo estudiaron Neurociencia en sus carreras, y si el panorama académico había mejorado. La conclusión inicial es que, salvo honrosas excepciones (por ej., algunas facultades de medicina) y a falta de un estudio de campo más amplio, en nuestras Universidades NO se imparte Neurociencia. La mayoría de nosotros hemos tenido un contacto leve, casi anecdótico, con contenidos no mucho más profundos que los que pudimos obtener en el Instituto. Hemos obtenido fragmentos de conocimiento, como partes de asignaturas más genéricas, alguna optativa por aquí, un viejo profesor acullá…  Y lo peor de todo, es que en estos últimos 30 años no ha mejorado ni un ápice. Los pocos sitios donde la fragmentación Boloñesa hizo surgir algunas Neuroasignaturas son compensados por aquellos otros en los que eran impartidas por un profesor fan de la Neurociencia, que rara vez la practicó experimentalmente y que ya se jubiló. Sí, en algunos sitios lo poco que había, ha desaparecido. ¿De dónde salen nuestros jóvenes Neurocientíficos? ¿Y qué saben? Amigos, es un milagro que estemos donde estamos. Diría que salen de sus propias ganas, por no decir que en buena medida son accidentes académicos.

Pienso que si nuestra SENC quiere apadrinar cursos y másters de calidad en Neurociencia, también puede interesarse por la Neurociencia base, esforzarse en hacer oír su voz a las autoridades académicas, hacer lobby donde haga falta, e intentar imponer la enseñanza del conocimiento que nos hace animales en todas las Academias donde se estudien las “cosas” de los animales. No quiero recordar que, células, también las tienen los geranios; rutas metabólicas, citoquinas y ondas de calcio, las hortensias; desarrollo y diferenciación celular, hasta el musgo; genes, las cebollas; receptores, las acelgas; y glutamato, los fibrosos cereales del desayuno. Podría argumentar de manera más profunda y analizar cómo la mercantilización y el dirigismo autocomplaciente han favorecido una caótica fragmentación académica y han generado una polarización de Neuro-temáticas entre lo celular/molecular y el comportamiento, que 100 años después de Cajal y Lorente parecen aliarse de nuevo para colocar al SN en el rincón medieval que lo tuvo como la caja negra de los animales, demasiado complicada para entenderla, demasiado complicada para estudiarla. ¿Demasiado complicada para enseñarla?

Necesitamos que nuestros jóvenes, en todas y cada una de esas carreras universitarias, se enfrenten a una Neurociencia bien estructurada. Sólo así podrán responder sin titubear a la pregunta de “qué procesa el Sistema Nervioso”. Sólo así podrán utilizar su periodo doctoral en aprender a hacer Ciencia, y no en adquirir a marchas forzadas las bases teóricas mínimas para no hacer el ridículo. Sólo así podrán explicar a la Sociedad porqué lo que hacemos es importante.

Alberto Mallart, neurocientífico de la diáspora

 

Vivimos tiempos de regresión, pero cuando lo que se pierde es un colega apreciado, la tristeza es más profunda por su contundencia e irreversibilidad. Alberto Mallart llegó al final del camino en su residencia de Orsay, en las proximidades de Paris, el pasado 1 de Mayo a los 83 años de edad. Su viaje desde Madrid no fue motivado por un afán de “movilidad exterior”, sino por asfixia profesional y personal. La España de los años 50, hoy tan angustiosamente próxima, abría sin pudor las puertas al talento y el joven licenciado en Medicina por la Universidad de Madrid fue una gota más en aquel torrente de evasión. Tras un infructuoso intento por iniciarse como investigador en la unidad de Biofísica del CSIC en Madrid, su interés por la fisiología experimental le llevó a asistir a un curso en París impartido por el Prof. Alfred Fessard, al que siguió una beca concedida por el Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia en 1959. Sus primeros estudios en el Institut Maray con la Profa. Madame Denise Alba-Fessard sobre la percepción del dolor y la actividad fisiológica del tálamo, marcaron una vinculación duradera con Francia y sus instituciones. La Neurociencia se recomponía en Europa tras la Segunda Barbarie Guerrera y el Institut Marey se convirtió en un centro de referencia internacional al tiempo que mantenía una estructura familiar. Allí trabajaron y tejieron amistades muchos protagonistas de la neurociencia francesa de la segunda mitad del siglo XX (Ascher, Gerschenfeld, entre otros). En palabras del propio Alberto, el matrimonio Fessard supo combinar la Neurofisiología integrativa con la celular, lo que, unido a una intensa relación con la escuela fisiológica inglesa, proporcionaba un ambiente único a “la Maison”. Tras su período postdoctoral en USA, iniciado en 1976, Alberto retornó al nuevo centro construido en Gif sur Yvette bajo la dirección de Vladislav Tauc, en el que constituyó la Unité de Physiologie Neuromusculaire porque sus trabajos le habían convertido en un experto en la transmisión sináptica de la placa motora. A él se deben aportaciones fundamentales sobre la facilitación sináptica y las corrientes eléctricas entre las envueltas perineurales. Nuestra comprensión actual de varias enfermedades neuromusculares se fundamenta en trabajos pioneros de Alberto. Su huella se extiende a través de una larga lista de colaboradores, postdoctorales y visitantes que acudieron a su laboratorio, procedentes de todo el mundo, a lo largo de más de 40 años de actividad continuada. Así tuve el privilegio de conocerle y aprender de él durante un año sabático en 1991. Además de neurocientífico, Alberto era fotógrafo. Cuando alcanzó la suficiente sabiduría como para contemplar la ciencia y el llamado progreso con lúcido escepticismo, el arte se convirtió en su refugio más íntimo durante los últimos diez años. Su catálogo de imágenes ilustra un gusto poco frecuente que a nadie deja insensible. Tras la pérdida de su otra mitad, Cuca Alvarado, la energía para seguir caminando se atenuaba cada día. Alberto tenía una personalidad afable y discreta. No era ruidoso pero sus convicciones eran profundas, con un lugar prioritario reservado a la libertad. No es casual que eligiera la fecha del 1 de Mayo para poner fin a su viaje.

Alberto Ferrús

A la caza del potencial de acción. Obituario a Sir Andrew Huxley.

Sir-Andrew-Huxley

El pasado 30 de mayo falleció Andrew Huxley, icono de la electrofisiología del siglo XX. Con un Journal of Physiology, en 1952 el investigador británico sentó junto a Alan Hodgkin las bases del mecanismo de generación del potencial de acción, mediante una serie de experimentos llevados a cabo en el axón gigante de calamar. Este trabajo ha sido trascendental en la electrofisiología desde aquel entonces y constituyó un punto de inflexión en el camino hacia el descubrimiento de los … Continue Reading

LA BUENA MÚSICA ACTIVA LOS CIRCUITOS DE LA DOPAMINA

En una pieza musical, la combinación entre la novedad y repetición de ritmos y melodías activa poderosamente los centros cerebrales del placer y la recompensa

 El Cosmocaixa, museo de la ciencia de Barcelona, fue ayer (12 de junio de 2012) la sede de la clausura del ciclo de conferencias ‘El cerebro invade la ciudad’ que el ayuntamiento de Barcelona ha organizado con motivo del año de la Neurociencia. Gary Marcus, profesor de psicología, guitarrista y director del centro para la investigación del lenguaje y la música de la Universidad de Nueva York (NYU center for language and music), fue el encargado de clausurar esta serie de conferencias con su charla GUITAR ZERO.

Uno de los objetivos del laboratorio de Marcus es comprender qué tienen en común y en qué difieren lenguaje y música. Los estudios realizados indican que la música que los humanos producimos ni es un instinto ni tiene ningún significado evolutivo: los humanos no hacemos música para aumentar nuestras posibilidades reproductivas ni para defender el territorio. Por el contrario, la música ‘humana’ es fruto de los avances tecnológicos, de la capacidad de nuestra especie por inventar artilugios. “La música es fruto de la ingeniería cultural” afirmó Marcus ayer en su charla. Su objetivo y a la vez su consecuencia , aunque  nosotros no lo sepamos, es que facilita la cohesión social, los lazos de empatía y genera placer.

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Pienso lo que siento. Pienso sin saberlo. Decido sin pensar

Neuropolítica: conocer el cerebro para liderar las ideas

“Mientras el cerebro sea un misterio, el universo continuará siendo un misterio”. Estas son palabras de Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), médico español especializado en histología y anátomo-patología microscópica. Obtuvo el Premio Nobel de Medicina en 1906 por descubrir los mecanismos que gobiernan la morfología y los procesos conectivos de las células nerviosas, una nueva y revolucionaria teoría que empezó a ser llamada la «doctrina de la neurona», basada en que el tejido cerebral está compuesto por células individuales.

La neuropolítica, una disciplina de las neurociencias
Las neurociencias, en particular las cognitivas, estudian el funcionamiento del cerebro humano y sus relaciones con la conciencia. La neuropolítica se abre paso como una nueva disciplina de las neurociencias (neurobiología, neurología, neurofisiología, o psicología cognitiva…) capaz de comprender cómo actúa el cerebro de los seres humanos en su condición de ciudadanos, electores o activistas frente a los estímulos de la comunicación política, por ejemplo. Nos permite conocerlo mejor, saber cómo funciona, cómo articula sus imágenes, con qué valores, con qué sentimientos y cómo se canalizan sus decisiones. Esa es una cuestión clave que debe ocupar más tiempo y energías a todos aquellos que reflexionan sobre la política democrática, sus procesos de renovación y mejora y, en general, para todas las personas interesadas en la múltiple gama de registros de la comunicación política.

Estamos, de lleno, en la “Era neurocéntrica” que inauguraba Thomas Willis (padre de la Anatomía Comparada) hace más de tres siglos (1621-1675). Ya hemos aprendido la fuerza cognoscitiva del lenguaje en la política, con los trabajos sobre comunicación política de George Lakoff y la fortaleza de los marcos conceptuales que inhiben y condicionan la razón. Estamos explorando el potencial de la “política de las emociones”, la plasticidad (el cerebro es capaz de cambiar su estructura y su función a través de la actividad y el pensamiento), el rol del inconsciente y la redefinición del concepto de memoria en la toma de decisiones. Y leyendo las aportaciones -entre otros- de Drew Westen, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Emory, recogidas en su trabajo “El cerebro político”, sabemos ya que las razones no siempre dominan la razón. Y que la mejor manera de llegar al cerebro de un elector es a través de su corazón.

El cerebro humano, el gran desconocido
Pero, para ello, debemos conocer más y mejor el cerebro de hombres y mujeres, superando algunas reservas y bloqueos a los avances de la ciencia que todavía atemorizan a la política democrática. La desconfianza a lo desconocido se apodera del debate.
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Brain-Machine interfaces: Interview to Professor Eilon Vaadia, Hebrew University of Jerusalem

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Professor Eilon Vaadia, from the Hebrew University of Jerusalem will present his work at the FENS Forum in Barcelona. He will speak about CONTROLLING DYNAMICS BRAIN SIGNALS IN BRAIN MACHINE INTERFACE (BMI).

We asked him some questions about the symposium he will chair at the FENS congress and here are his answers:

What is the aim of the work presented in your symposium?

The main challenge of the work we do is to understand how the brain circuits, built of interconnected neurons, computes and control behavior. In particular we study how these network change during learning, how the networks generate memories and how we learn new sensorimotor skills, like playing the piano. Of special interest in this work is the work on brain machine interfaces where we can read brain electrical signals and via a computer perform tasks that the brain intends to perform.

 What are the significant data that will be announced?

The most significant data that I will present shows that we can use brain computer interfaces (BCIs)  to directly change the electrical signals of the brain and teach the brain to control artificial devices.

What is the importance and relevance of this work?

The work we do is highly significant for the basic understanding of the brain mechanisms and for clinical applications in neurological and psychiatric disorders.

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European Journal of Neuroscience

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